...mientras siento que la vita´ant se me escapa.
Quizás el camino abandonado dejó mella en mi salud.
Mierda.
La vida te da sopresas...
...y el fútbol nos la debía.
¡LUIS ARAGONÉS!
Hoy me ha encantado escuchar en las calles de Madrid canciones que solemos cantar en el estadio Vicente Calderón.
Y es que si España ha ganado es porque LUIS ARAGONÉS ha sido el artifice de crear un grupo, de hacer una piña, de crear un estilo, una filosofía y convencer a toda Europa con un gran juego.
¡VIVA LUIS ARAGONÉS!
Y los jugadores lo saben.
Espero que el próximo seleccionador no nos joda esta selección que tanto ha costado crear.
Y, paradojas de la vida, hoy empezaba a currar para el Real Madrid.
Yo luciendo ese escudo... quién me lo hubiera dicho.
Será por poco tiempo, afortunadamente.
Y entre tantas cosas, descubrimientos asombrosos y una idea en la cabeza:
quizás el mejor disco de mi colección sea EL ESCARABAJO MÁS GRANDE DE EUROPA, de EL NIÑO GUSANO.
Es un disco impresionante de principio a fin.
Os animo a buscarlo y escucharlo: letras increíbles, increíbles cambios de melodías y canciones grandiosas que podrían ser un himno para cualquier oyente.
Y ME DESPIDO CON LO QUE HOY ME PIDE EL CUERPO.
UN POCO DE MORRISSEY
lunes, junio 30, 2008
domingo, junio 29, 2008
INDISpensables
Para celebrar el 'Día de los Independientes', el próximo 4 de julio, Radio 3, RTVE.es y la UFI (Unión fonográfica independiente) eligen las mejores canciones de la música independiente en España.
El punto de partida para los temas elegidos es 1978, año que se considera de nacimiento de este tipo de música, y no pueden entrar en las votaciones los temas que, aunque fueron realizados originalmente en un sello independiente, actualmente sean propiedad de las corporaciones multinacionales establecidas en España.
Tienes de plazo para votar por tus favoritas hasta el próximo 3 de julio.
Web para ver y votar
El punto de partida para los temas elegidos es 1978, año que se considera de nacimiento de este tipo de música, y no pueden entrar en las votaciones los temas que, aunque fueron realizados originalmente en un sello independiente, actualmente sean propiedad de las corporaciones multinacionales establecidas en España.
Tienes de plazo para votar por tus favoritas hasta el próximo 3 de julio.
Web para ver y votar
viernes, junio 27, 2008
HOMENAJE A MI BICI
Esa bici... ¡cuántos momentos hemos pasado!
Esta es mi ESPADA, mi bici.
La tengo desde hace años y desde luego ha sido mi mejor terapia contra el estrés.
La de horas de carretera (sin manta) que he estado encima del sillín... espero no haber afectado seriamente a mi capacidad de ser padre.

En la imagen se ve que estábamos en Ares.
Ya hace dos años de esa excursión. 180 kilómetros entre ida y vuelta.
Horas de soledad, rectas interminables... y esa extraña sensación de concentración y paz.
Es mi forma de encontrarme, de conectar con lo que me rodea, de sentirme vivo en definitiva.
Sé que con el paso de los años tendré más difícil realizar estas excursiones y me queda la espina de la que quería realizar el año pasado: Benicassim - Sant Joan de Penyagolosa - Benicassim.
Espero resarcirme este verano, preparala bien, tener suerte y... carretera.
Más o menos son unos 190 kilómetros, subiendo el Desierto de las Palmas, el Coll de la Bassa y el Port del Collao (dos veces cada uno entre ida y vuelta) y al llegar a Sant Joan tengo pensado subir Peñagolosa, en función de cómo esté la carretera.
Allí comeré, 20 minutos de disfrutar el lugar y vuelta.
Tengo muchas ganas de ver esos parajes que tanto me hipnotizan.
Espero sumar algunas fotos chulas al álbum de mis viajes.
¡Qué Dios reparta suerte!









Esta es mi ESPADA, mi bici.
La tengo desde hace años y desde luego ha sido mi mejor terapia contra el estrés.
La de horas de carretera (sin manta) que he estado encima del sillín... espero no haber afectado seriamente a mi capacidad de ser padre.

En la imagen se ve que estábamos en Ares.
Ya hace dos años de esa excursión. 180 kilómetros entre ida y vuelta.
Horas de soledad, rectas interminables... y esa extraña sensación de concentración y paz.
Es mi forma de encontrarme, de conectar con lo que me rodea, de sentirme vivo en definitiva.
Sé que con el paso de los años tendré más difícil realizar estas excursiones y me queda la espina de la que quería realizar el año pasado: Benicassim - Sant Joan de Penyagolosa - Benicassim.
Espero resarcirme este verano, preparala bien, tener suerte y... carretera.
Más o menos son unos 190 kilómetros, subiendo el Desierto de las Palmas, el Coll de la Bassa y el Port del Collao (dos veces cada uno entre ida y vuelta) y al llegar a Sant Joan tengo pensado subir Peñagolosa, en función de cómo esté la carretera.
Allí comeré, 20 minutos de disfrutar el lugar y vuelta.
Tengo muchas ganas de ver esos parajes que tanto me hipnotizan.
Espero sumar algunas fotos chulas al álbum de mis viajes.
¡Qué Dios reparta suerte!









jueves, junio 26, 2008
LA MUERTA, de Guy de Maupassant
¡La había amado desesperadamente!
¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en los labios... un nombre que asciende continuamente, como el agua de un manantial, desde las profundidades del alma hasta los labios, un nombre que se repite una y otra vez, que se susurra incesantemente, en todas partes, como una plegaria.
Voy a contarles nuestra historia, ya que el amor sólo tiene una, que es siempre la misma.
La conocí y viví de su ternura, de sus caricias, de sus palabras, en sus brazos tan absolutamente envuelto, atado y absorbido por todo lo que procedía de ella, que no me importaba ya si era de día o de noche, ni si estaba muerto o vivo, en este nuestro antiguo mundo.
Y luego ella murió.
¿Cómo? No lo sé; hace tiempo que no sé nada.
Pero una noche llegó a casa muy mojada, porque estaba lloviendo intensamente, y al día siguiente tosía, y tosió durante una semana, y tuvo que guardar cama.
No recuerdo ahora lo que ocurrió, pero los médicos llegaron, escribieron y se marcharon.
Se compraron medicinas, y algunas mujeres se las hicieron beber. Sus manos estaban muy calientes, sus sienes ardían y sus ojos estaban brillantes y tristes.
Cuando yo le hablaba me contestaba, pero no recuerdo lo que decíamos.
¡Lo he olvidado todo, todo, todo!
Ella murió, y recuerdo perfectamente su leve, débil suspiro. La enfermera dijo: "¡Ah!" ¡y yo comprendí!¡Y yo comprendí!
Me consultaron acerca del entierro pero no recuerdo nada de lo que dijeron, aunque sí recuerdo el ataúd y el sonido del martillo cuando clavaban la tapa, encerrándola a ella dentro. ¡Oh! ¡Dios mío!¡Dios mío!
¡Ella estaba enterrada! ¡Enterrada! ¡Ella! ¡En aquel agujero! Vinieron algunas personas... mujeres amigas. Me marché de allí corriendo. Corrí y luego anduve a través de las calles, regresé a casa y al día siguiente emprendí un viaje.
Ayer regresé a París, y cuando vi de nuevo mi habitación -nuestra habitación, nuestra cama, nuestros muebles, todo lo que queda de la vida de un ser humano después de su muerte-, me invadió tal oleada de nostalgia y de pesar, que sentí deseos de abrir la ventana y de arrojarme a la calle.
No podía permanecer ya entre aquellas cosas, entre aquellas paredes que la habían encerrado y la habían cobijado, que conservaban un millar de átomos de ella, de su piel y de su aliento, en sus imperceptibles grietas.
Cogí mi sombrero para marcharme, y antes de llegar a la puerta pasé junto al gran espejo del vestíbulo, el espejo que ella había colocado allí para poder contemplarse todos los días de la cabeza a los pies, en el momento de salir, para ver si lo que llevaba le caía bien, y era lindo, desde sus pequeños zapatos hasta su sombrero.
Me detuve delante de aquel espejo en el cual se había contemplado ella tantas veces... tantas veces, tantas veces, que el espejo tendría que haber conservado su imagen.
Estaba allí de pie, temblando, con los ojos clavados en el cristal -en aquel liso, enorme, vacío cristal- que la había contenido por entero y la había poseído tanto como yo, tanto como mis apasionadas miradas. Sentí como si amara a aquel cristal.
Lo toqué; estaba frío.
¡Oh, el recuerdo! ¡Triste espejo, ardiente espejo, horrible espejo, que haces sufrir tales tormentos a los hombres!
¡Dichoso el hombre cuyo corazón olvida todo lo que ha contenido, todo lo que ha pasado delante de él, todo lo que se ha mirado a sí mismo en él o ha sido reflejado en su afecto, en su amor! ¡Cuánto sufro!
Me marché sin saberlo, sin desearlo, hacia el cementerio. Encontré su sencilla tumba, una cruz de mármol blanco, con esta breve inscripción:
«Amó, fue amada y murió.»
¡Ella está ahí debajo, descompuesta! ¡Qué horrible!
Sollocé con la frente apoyada en el suelo, y permanecí allí mucho tiempo, mucho tiempo.
Luego vi que estaba oscureciendo, y un extraño y loco deseo, el deseo de un amante desesperado, me invadió. Deseé pasar la noche, la última noche, llorando sobre su tumba.
Pero podían verme y echarme del cementerio. ¿Qué hacer?
Buscando una solución, me puse en pie y empecé a vagabundear por aquella ciudad de la muerte. Anduve y anduve. Qué pequeña es esta ciudad comparada con la otra, la ciudad en la cual vivimos.
Y, sin embargo, no son muchos más numerosos los muertos que los vivos. Nosotros necesitamos grandes casas, anchas calles y mucho espacio para las cuatro generaciones que ven la luz del día al mismo tiempo, beber agua del manantial y vino de las vides, y comer pan de las llanuras.
¡Y para todas estas generaciones de los muertos, para todos los muertos que nos han precedido, aquí no hay apenas nada, apenas nada! La tierra se los lleva, y el olvido los borra. ¡Adiós!
Al final del cementerio, me di cuenta repentinamente de que estaba en la parte más antigua, donde los que murieron hace tiempo están mezclados con la tierra, donde las propias cruces están podridas, donde posiblemente enterrarán a los que lleguen mañana. Está llena de rosales que nadie cuida, de altos y oscuros cipreses; un triste y hermoso jardín alimentado con carne humana.
Yo estaba solo, completamente solo. De modo que me acurruqué debajo de un árbol y me escondí entre las frondosas y sombrías ramas. Esperé, agarrándome al tronco como un náufrago se agarra a una tabla.
Cuando la luz diurna desapareció del todo, abandoné el refugio y eché a andar suavemente, lentamente, silenciosamente, hacia aquel terreno lleno de muertos.
Anduve de un lado para otro, pero no conseguí encontrar de nuevo la tumba de mi amada.
Avancé con los brazos extendidos, chocando contra las tumbas con mis manos, mis pies, mis rodillas, mi pecho, incluso con mi cabeza, sin conseguir encontrarla.
Anduve a tientas como un ciego buscando su camino. Toqué las lápidas, las cruces, las verjas de hierro, las coronas de metal y las coronas de flores marchitas. Leí los nombres con mis dedos pasándolos por encima de las letras. ¡Qué noche! ¡Qué noche! ¡Y no pude encontrarla!
No había luna. ¡Qué noche! Estaba asustado, terriblemente asustado, en aquellos angostos senderos entre dos hileras de tumbas. ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Sólo tumbas!
A mi derecha, a la izquierda, delante de mí, a mi alrededor, en todas partes había tumbas. Me senté en una de ellas, ya que no podía seguir andando. Mis rodillas empezaron a doblarse.
¡Pude oír los latidos de mi corazón! Y oí algo más. ¿Qué? Un ruido confuso, indefinible.
¿Estaba el ruido en mi cabeza, en la impenetrable noche, o debajo de la misteriosa tierra, la tierra sembrada de cadáveres humanos? Miré a mi alrededor, pero no puedo decir cuánto tiempo permanecí allí. Estaba paralizado de terror, helado de espanto, dispuesto a morir.
Súbitamente, tuve la impresión de que la losa de mármol sobre la cual estaba sentado se estaba moviendo. Se estaba moviendo, desde luego, como si alguien tratara de levantarla. Di un salto que me llevó hasta una tumba vecina, y vi, sí, vi claramente cómo se levantaba la losa sobre la cual estaba sentado.
Luego apareció el muerto, un esqueleto desnudo, empujando la losa desde abajo con su encorvada espalda. Lo vi claramente, a pesar de que la noche estaba oscura. En la cruz pude leer:
«Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios.»
El muerto leyó también lo que había escrito en la lápida. Luego cogió una piedra del sendero, una piedra pequeña y puntiaguda, y empezó a rascar las letras con sumo cuidado. Las borró lentamente, y con las cuencas de sus ojos contempló el lugar donde habían estado grabadas. A continuación, con la punta del hueso de lo que había sido su dedo índice, escribió en letras luminosas, como las líneas que los chiquillos trazan en las paredes con una piedra de fósforo:
«Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo y murió en pecado mortal.»
Cuando hubo terminado de escribir, el muerto se quedó inmóvil, contemplando su obra. Al mirar a mi alrededor vi que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los muertos habían salido de ellas y que todos habían borrado las líneas que sus parientes habían grabado en las lápidas, sustituyéndolas por la verdad. Y vi que todos habían sido atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba, o fingía ignorar, mientras estaban vivos.
Pensé que también ella había escrito algo en su tumba. Y ahora, corriendo sin miedo entre los ataúdes medio abiertos, entre los cadáveres y esqueletos, fui hacia ella, convencido de que la encontraría inmediatamente. La reconocí al instante sin ver su rostro, el cual estaba cubierto por un velo negro; y en la cruz de mármol donde poco antes había leído:
«Amó, fue amada y murió.»
Ahora leí:
«Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, pilló una pulmonía y murió.»
Parece que me encontraron al romper el día, tendido sobre la tumba, sin conocimiento.
¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en los labios... un nombre que asciende continuamente, como el agua de un manantial, desde las profundidades del alma hasta los labios, un nombre que se repite una y otra vez, que se susurra incesantemente, en todas partes, como una plegaria.
Voy a contarles nuestra historia, ya que el amor sólo tiene una, que es siempre la misma.
La conocí y viví de su ternura, de sus caricias, de sus palabras, en sus brazos tan absolutamente envuelto, atado y absorbido por todo lo que procedía de ella, que no me importaba ya si era de día o de noche, ni si estaba muerto o vivo, en este nuestro antiguo mundo.
Y luego ella murió.
¿Cómo? No lo sé; hace tiempo que no sé nada.
Pero una noche llegó a casa muy mojada, porque estaba lloviendo intensamente, y al día siguiente tosía, y tosió durante una semana, y tuvo que guardar cama.
No recuerdo ahora lo que ocurrió, pero los médicos llegaron, escribieron y se marcharon.
Se compraron medicinas, y algunas mujeres se las hicieron beber. Sus manos estaban muy calientes, sus sienes ardían y sus ojos estaban brillantes y tristes.
Cuando yo le hablaba me contestaba, pero no recuerdo lo que decíamos.
¡Lo he olvidado todo, todo, todo!
Ella murió, y recuerdo perfectamente su leve, débil suspiro. La enfermera dijo: "¡Ah!" ¡y yo comprendí!¡Y yo comprendí!
Me consultaron acerca del entierro pero no recuerdo nada de lo que dijeron, aunque sí recuerdo el ataúd y el sonido del martillo cuando clavaban la tapa, encerrándola a ella dentro. ¡Oh! ¡Dios mío!¡Dios mío!
¡Ella estaba enterrada! ¡Enterrada! ¡Ella! ¡En aquel agujero! Vinieron algunas personas... mujeres amigas. Me marché de allí corriendo. Corrí y luego anduve a través de las calles, regresé a casa y al día siguiente emprendí un viaje.
Ayer regresé a París, y cuando vi de nuevo mi habitación -nuestra habitación, nuestra cama, nuestros muebles, todo lo que queda de la vida de un ser humano después de su muerte-, me invadió tal oleada de nostalgia y de pesar, que sentí deseos de abrir la ventana y de arrojarme a la calle.
No podía permanecer ya entre aquellas cosas, entre aquellas paredes que la habían encerrado y la habían cobijado, que conservaban un millar de átomos de ella, de su piel y de su aliento, en sus imperceptibles grietas.
Cogí mi sombrero para marcharme, y antes de llegar a la puerta pasé junto al gran espejo del vestíbulo, el espejo que ella había colocado allí para poder contemplarse todos los días de la cabeza a los pies, en el momento de salir, para ver si lo que llevaba le caía bien, y era lindo, desde sus pequeños zapatos hasta su sombrero.
Me detuve delante de aquel espejo en el cual se había contemplado ella tantas veces... tantas veces, tantas veces, que el espejo tendría que haber conservado su imagen.
Estaba allí de pie, temblando, con los ojos clavados en el cristal -en aquel liso, enorme, vacío cristal- que la había contenido por entero y la había poseído tanto como yo, tanto como mis apasionadas miradas. Sentí como si amara a aquel cristal.
Lo toqué; estaba frío.
¡Oh, el recuerdo! ¡Triste espejo, ardiente espejo, horrible espejo, que haces sufrir tales tormentos a los hombres!
¡Dichoso el hombre cuyo corazón olvida todo lo que ha contenido, todo lo que ha pasado delante de él, todo lo que se ha mirado a sí mismo en él o ha sido reflejado en su afecto, en su amor! ¡Cuánto sufro!
Me marché sin saberlo, sin desearlo, hacia el cementerio. Encontré su sencilla tumba, una cruz de mármol blanco, con esta breve inscripción:
«Amó, fue amada y murió.»
¡Ella está ahí debajo, descompuesta! ¡Qué horrible!
Sollocé con la frente apoyada en el suelo, y permanecí allí mucho tiempo, mucho tiempo.
Luego vi que estaba oscureciendo, y un extraño y loco deseo, el deseo de un amante desesperado, me invadió. Deseé pasar la noche, la última noche, llorando sobre su tumba.
Pero podían verme y echarme del cementerio. ¿Qué hacer?
Buscando una solución, me puse en pie y empecé a vagabundear por aquella ciudad de la muerte. Anduve y anduve. Qué pequeña es esta ciudad comparada con la otra, la ciudad en la cual vivimos.
Y, sin embargo, no son muchos más numerosos los muertos que los vivos. Nosotros necesitamos grandes casas, anchas calles y mucho espacio para las cuatro generaciones que ven la luz del día al mismo tiempo, beber agua del manantial y vino de las vides, y comer pan de las llanuras.
¡Y para todas estas generaciones de los muertos, para todos los muertos que nos han precedido, aquí no hay apenas nada, apenas nada! La tierra se los lleva, y el olvido los borra. ¡Adiós!
Al final del cementerio, me di cuenta repentinamente de que estaba en la parte más antigua, donde los que murieron hace tiempo están mezclados con la tierra, donde las propias cruces están podridas, donde posiblemente enterrarán a los que lleguen mañana. Está llena de rosales que nadie cuida, de altos y oscuros cipreses; un triste y hermoso jardín alimentado con carne humana.
Yo estaba solo, completamente solo. De modo que me acurruqué debajo de un árbol y me escondí entre las frondosas y sombrías ramas. Esperé, agarrándome al tronco como un náufrago se agarra a una tabla.
Cuando la luz diurna desapareció del todo, abandoné el refugio y eché a andar suavemente, lentamente, silenciosamente, hacia aquel terreno lleno de muertos.
Anduve de un lado para otro, pero no conseguí encontrar de nuevo la tumba de mi amada.
Avancé con los brazos extendidos, chocando contra las tumbas con mis manos, mis pies, mis rodillas, mi pecho, incluso con mi cabeza, sin conseguir encontrarla.
Anduve a tientas como un ciego buscando su camino. Toqué las lápidas, las cruces, las verjas de hierro, las coronas de metal y las coronas de flores marchitas. Leí los nombres con mis dedos pasándolos por encima de las letras. ¡Qué noche! ¡Qué noche! ¡Y no pude encontrarla!
No había luna. ¡Qué noche! Estaba asustado, terriblemente asustado, en aquellos angostos senderos entre dos hileras de tumbas. ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Sólo tumbas!
A mi derecha, a la izquierda, delante de mí, a mi alrededor, en todas partes había tumbas. Me senté en una de ellas, ya que no podía seguir andando. Mis rodillas empezaron a doblarse.
¡Pude oír los latidos de mi corazón! Y oí algo más. ¿Qué? Un ruido confuso, indefinible.
¿Estaba el ruido en mi cabeza, en la impenetrable noche, o debajo de la misteriosa tierra, la tierra sembrada de cadáveres humanos? Miré a mi alrededor, pero no puedo decir cuánto tiempo permanecí allí. Estaba paralizado de terror, helado de espanto, dispuesto a morir.
Súbitamente, tuve la impresión de que la losa de mármol sobre la cual estaba sentado se estaba moviendo. Se estaba moviendo, desde luego, como si alguien tratara de levantarla. Di un salto que me llevó hasta una tumba vecina, y vi, sí, vi claramente cómo se levantaba la losa sobre la cual estaba sentado.
Luego apareció el muerto, un esqueleto desnudo, empujando la losa desde abajo con su encorvada espalda. Lo vi claramente, a pesar de que la noche estaba oscura. En la cruz pude leer:
«Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios.»
El muerto leyó también lo que había escrito en la lápida. Luego cogió una piedra del sendero, una piedra pequeña y puntiaguda, y empezó a rascar las letras con sumo cuidado. Las borró lentamente, y con las cuencas de sus ojos contempló el lugar donde habían estado grabadas. A continuación, con la punta del hueso de lo que había sido su dedo índice, escribió en letras luminosas, como las líneas que los chiquillos trazan en las paredes con una piedra de fósforo:
«Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo y murió en pecado mortal.»
Cuando hubo terminado de escribir, el muerto se quedó inmóvil, contemplando su obra. Al mirar a mi alrededor vi que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los muertos habían salido de ellas y que todos habían borrado las líneas que sus parientes habían grabado en las lápidas, sustituyéndolas por la verdad. Y vi que todos habían sido atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba, o fingía ignorar, mientras estaban vivos.
Pensé que también ella había escrito algo en su tumba. Y ahora, corriendo sin miedo entre los ataúdes medio abiertos, entre los cadáveres y esqueletos, fui hacia ella, convencido de que la encontraría inmediatamente. La reconocí al instante sin ver su rostro, el cual estaba cubierto por un velo negro; y en la cruz de mármol donde poco antes había leído:
«Amó, fue amada y murió.»
Ahora leí:
«Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, pilló una pulmonía y murió.»
Parece que me encontraron al romper el día, tendido sobre la tumba, sin conocimiento.
martes, junio 24, 2008
LLEGÓ EL SER INMORTAL...
Una hidromedusa, que tiene la fantástica capacidad de revertir su estado adulto y convertirse de nuevo en pólipo se está extendiendo rápidamente por los océanos y mares del mundo.
Se trata de la Turritopsis nutricola, un organismo que realmente riza el rizo ya que al retornar al estado pólipo supone que un ejemplar nunca muere como tal.

Este proceso de 'inmortalidad' comienza cuando la Turritopsis no encuentra alimento o se enfrenta a cualquier otro peligro. En ese momento invierte su ciclo vital, "como si una mariposa pudiera volver a su estado de oruga", afirma Maria Pia Miglietta, de la Universidad del Estado de Pensilvania.
Por otro lado, análisis de su ADN también han revelado que el cambio de estado puede ser debido al lugar donde crece esta especie de hidromedusa, ya que en Panamá el número de sus tentáculos es ocho, en cambio, en el Mediterráneo puede variar entre doce y 24, y en en las costas de Japón, la cifra aumenta hasta 14.
Lo que parece claro es que se adaptan perfectamente a todo tipo de temperaturas y de agua, incluso dulce. Ahora hay que definir el impacto que pueden tener en otras especies, según publica ScienceNews.
...PERO TODO PUEDE ACABAR PRONTO.
El acelerador y colisionador de partículas que la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) piensa poner en funcionamiento completo este verano en sus gigantescas instalaciones de Suiza ilusiona a muchos, pero también preocupa a algunas personas preocupadas por sus efecto. Piensan incluso que al funcionar podría acabar con nuestra existencia, pero los científicos afirman que es totalmente seguro.
Conocido como el Gran Colisionador de Halones o por sus siglas en inglés LHC, se trata del laboratorio de física de partículas más grande del mundo. Su nuevo acelerador usa un gran túnel de 27 kilómetros de circunferencia, por el que se hará circular las partículas para hacerlas colisionar a gran velocidad.
Los críticos con estos experimentos han llegado a asegurar que el LHC podría generar la destrucción de la Tierra e incluso del Universo por la creación accidental de un agujero negro y otros desastres, que según Wikipedia van desde "la activación de la transición a un estado de vacío cuántico" a "la creación de materia exótica supermasiva, tan estable como la materia ordinaria. Esta preocupación llevó a la presentación de una denuncia en la que se exigía el bloqueo de las operaciones del LHC.
Pero los científicos llevan trabajando desde 2003 en un informe sobre la seguridad del acelerador, que han hecho público ahora, pocos meses antes de su puesta en marcha. Dicen que es absolutamente seguro y afirman que teniendo en cuenta las propiedades de la gravedad descritas por la teoría de la relatividad de Einstein, no existe posibilidad alguna de que se cree un mini agujero negro.
************************************************
PUES NADA SEÑORES, A ESPERAR
Se trata de la Turritopsis nutricola, un organismo que realmente riza el rizo ya que al retornar al estado pólipo supone que un ejemplar nunca muere como tal.

Este proceso de 'inmortalidad' comienza cuando la Turritopsis no encuentra alimento o se enfrenta a cualquier otro peligro. En ese momento invierte su ciclo vital, "como si una mariposa pudiera volver a su estado de oruga", afirma Maria Pia Miglietta, de la Universidad del Estado de Pensilvania.
Por otro lado, análisis de su ADN también han revelado que el cambio de estado puede ser debido al lugar donde crece esta especie de hidromedusa, ya que en Panamá el número de sus tentáculos es ocho, en cambio, en el Mediterráneo puede variar entre doce y 24, y en en las costas de Japón, la cifra aumenta hasta 14.
Lo que parece claro es que se adaptan perfectamente a todo tipo de temperaturas y de agua, incluso dulce. Ahora hay que definir el impacto que pueden tener en otras especies, según publica ScienceNews.
...PERO TODO PUEDE ACABAR PRONTO.
El acelerador y colisionador de partículas que la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) piensa poner en funcionamiento completo este verano en sus gigantescas instalaciones de Suiza ilusiona a muchos, pero también preocupa a algunas personas preocupadas por sus efecto. Piensan incluso que al funcionar podría acabar con nuestra existencia, pero los científicos afirman que es totalmente seguro.
Conocido como el Gran Colisionador de Halones o por sus siglas en inglés LHC, se trata del laboratorio de física de partículas más grande del mundo. Su nuevo acelerador usa un gran túnel de 27 kilómetros de circunferencia, por el que se hará circular las partículas para hacerlas colisionar a gran velocidad.
Los críticos con estos experimentos han llegado a asegurar que el LHC podría generar la destrucción de la Tierra e incluso del Universo por la creación accidental de un agujero negro y otros desastres, que según Wikipedia van desde "la activación de la transición a un estado de vacío cuántico" a "la creación de materia exótica supermasiva, tan estable como la materia ordinaria. Esta preocupación llevó a la presentación de una denuncia en la que se exigía el bloqueo de las operaciones del LHC.
Pero los científicos llevan trabajando desde 2003 en un informe sobre la seguridad del acelerador, que han hecho público ahora, pocos meses antes de su puesta en marcha. Dicen que es absolutamente seguro y afirman que teniendo en cuenta las propiedades de la gravedad descritas por la teoría de la relatividad de Einstein, no existe posibilidad alguna de que se cree un mini agujero negro.
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PUES NADA SEÑORES, A ESPERAR
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